Alemania ha dado un paso de gigante hacia la soberanía tecnológica europea con la inauguración de la Smart Power Fab de Infineon en Dresde, la fábrica de semiconductores más grande del mundo para chips de potencia. La planta, que ha costado 5.000 millones de euros, se ha completado tres meses antes de lo previsto y funcionará las 24 horas del día, los siete días de la semana.
La fábrica producirá chips para la gestión inteligente de la energía, componentes que se utilizan en coches eléctricos, turbinas eólicas, paneles solares y centros de datos que alimentan la inteligencia artificial. ¿Por qué es importante esto? Porque Europa depende hoy de Asia y Estados Unidos para la mayoría de los semiconductores que necesita. Con está planta, la Unión Europea busca reducir esa dependencia y cumplir el objetivo del Chips Act europeo: pasar del 10% al 20% de la producción mundial de chips para 2030.
La planta está en el corazón de la Sajonia del Silicio (Silicon Saxony), una región alemana que concentra unas 2.500 empresas del sector y produce uno de cada tres chips fabricados en Europa. El canciller alemán, Friedrich Merz, aseguró durante la inauguración que está inversión tiene «una importancia estratégica directa para nuestra soberanía digital, nuestra resiliencia económica y nuestra independencia». Para la gente normal, esto significa que los dispositivos electrónicos, los coches eléctricos y la infraestructura digital podrán contar con chips fabricados en Europa, reduciendo la vulnerabilidad ante crisis de suministro como las vividas durante la pandemia.
— Marta, para inteligencia intermitente.






