Inicio / Ciencia y Espacio / Los robots que exploran el océano: el fondo del mar que conocemos peor que Marte

Los robots que exploran el océano: el fondo del mar que conocemos peor que Marte

Los robots que exploran el océano: el fondo del mar que conocemos peor que Marte

Hemos enviado rovers a Marte, hemos fotografiado las lunas de Júpiter y tenemos telescopios que miran al borde del universo. Pero el 80% de nuestro propio planeta todavía no se ha explorado. No lo decimos: lo dicen todos los mapas del fondo marino.

El problema es sencillo: el agua oculta y el mar es inmenso, oscuro y hostil. Los seres humanos no podemos sumergirnos mucho más allá de unos pocos cientos de metros. Ahí es donde entran los robots.

Son máquinas que bajan donde la luz no llega y la presión aplasta. Y están mapando por fin el planeta en el que vivimos.

Qué son exactamente estos robots
La mayoría se dividen en dos familias. Los que llevan cable, llamados ROV (Remote Operated Vehicle, vehículo operado a distancia), están conectados a un barco en la superficie por un cordón que les da energía y les transmite órdenes. Los que van libres, los AUV (Autonomous Underwater Vehicle, vehículo submarino autónomo), se lanzan a una misión y trabajan solos durante horas o días.

También hay un tercer grupo en auge: los planeadores. Son aparatos sin hélices que se impulsan cambiando su flotabilidad, como un velero que se desliza hacia abajo y hacia arriba. Son lentos, pero aguantan meses en el agua gastando muy poca energía.

Todos comparten una obsesión: ver en la oscuridad. Llevan sonares que dibujan el fondo con ondas de sonido, cámaras capaces de trabajar sin luz y sensores que miden temperatura, salinidad o químicos disueltos.

Para qué se utilizan
Empecemos por lo más visible: encontrar cosas. Los equipos de rescate usan robots para localizar cajas negras de aviones, barcos hundidos o restos históricos. El famoso Titanic se fotografió por primera vez con uno de estos vehículos a mediados de los años 80.

La industria es otro cliente gigante. Antes de instalar un gasoducto o un cable submarino, hace falta saber qué hay en el fondo. Y una vez instalados, los robots se encargan de inspeccionarlos y repararlos. De hecho, podríamos decir que el internet que usas todos los días lo mantienen en pie unos cuantos tubos y piscinas de metal trabajando a cientos de metros de profundidad.

Luego está la ciencia. Los científicos usan estos robots para medir los efectos del cambio climático, estudiar volcanes submarinos o descubrir especies nuevas. Se calcula que todavía hay millones de especies marinas por describir. Cada inmersión puede ser un expediente con alguien nunca visto.

Y también hay aplicaciones que te tocan directamente. La pesca, la búsqueda de puestos de agua o la vigilancia de las costas dependen cada vez más de estos vehículos. Incluso se usan para limpiar el fondo de puertos o revisar los diques de una presa.

El reto sigue siendo la comunicación
Con un rover de Marte podemos hablar casi en tiempo real porque las ondas de radio viajan por el espacio vacío. Bajo el agua es imposible: la señal se pierde en pocos metros. Eso obliga a usar ondas de sonido, mucho más lentas y torpes.

Por eso los robots autónomos son tan importantes. No pueden recibir órdenes constantes, así que tienen que decidir por sí mismos dónde ir, esquivar obstáculos y volver a casa solos. Se parecen cada vez más a los coches autónomos, pero en un entorno mucho más hostil.

La buena noticia es que la inteligencia artificial está acelerando ese camino. Los nuevos modelos permiten a estas máquinas interpretar lo que ven, reconocer un pez o un coral y adaptar su ruta sin esperar a nadie. El océano se está volviendo, poco a poco, un lugar más entendible.

Por qué te importa todo esto
Parece una historia de barcos y cables, pero tiene un ángulo muy personal.

La vida depende del mar. El océano produce buena parte del oxígeno que respiramos, regula el clima y es la vía por la que viaja casi todo lo que compramos. Saber qué pasa debajo del agua es decidir cómo protegerlo.

Además, el fondo marino es rico en minerales que las nuevas tecnologías necesitan. Discutir quién y cómo los extrae será uno de los grandes debates de los próximos años. Los robots no solo nos cuentan qué hay ahí; también están enseñando el tablero donde se jugará esa partida.

No hace falta bucear para entenderlo. Basta con imaginar que, mientras tú lees esto, hay miles de máquinas pequeñas moviéndose en la oscuridad, enviando los primeros mapas reales de un mundo que llevamos siglos ignorando.

Puede que Marte acapare los titulares, pero el mayor descubrimiento está en nuestro propio jardín. Y poco a poco, un robot tras otro, lo estamos sacando a la luz.