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Las empresas de inteligencia artificial están comprando libros usados para cortarlos: el caso que sacude al mundo del libro

Una librería de Badalona recibió un pedido muy raro: el cliente compraba libros antiguos sin mirar el precio, pagaba el triple por el envío y quería decenas a la vez. El librero, Marçal Font, pensó que era una estafa. Al investigar, descubrió algo que da la vuelta al mundo: las grandes empresas de inteligencia artificial están comprando millones de libros usados para cortarlos, escanearlos y alimentar a sus programas.

El misterio de las compras extrañas

Todo empezó el 30 de abril en la Librería Fénix, un referente para libros antiguos. Llegó un pedido raro: venía de Canadá y el patrón era extraño. Pedían muchos libros en muy poco tiempo, a veces en una hora, y los gastos de envío eran desorbitados. Nadie se lleva doscientos libros usados de golpe.

Font habló con su amigo Xavier Vinaixa, experto en inteligencia artificial. Juntos encuentran a otros libreros con la misma historia en Alemania, Nueva Zelanda y Australia: los mismos clientes, nadie regateaba el precio. No era un fraude. Era mucho más.

¿Qué es el «Proyecto Panamá»?

En septiembre de 2025, una empresa de inteligencia artificial llamada Anthropic llegó a un acuerdo para pagar 1.500 millones de dólares a unos autores que la demandaban por usar sus libros sin permiso para entrenar a sus programas.

Cuatro meses después, un periódico destapó un documento interno. En él se mencionaba lo que llaman el «Proyecto Panamá». Su objetivo era demoledor: escanear todos los libros del mundo. El texto decía textualmente: «No queremos que se sepa que estamos trabajando en esto».

¿Cómo funciona esa inteligencia artificial? Piensa en el teclado de tu móvil. Cuando escribes «hola, estoy llegando», el teléfono te sugiere la siguiente palabra porque ha leído muchos textos tuyos. Pues esa misma idea, multiplicada millones de veces, está detrás de los programas que escriben solos, como el conocido ChatGPT.

Para aprender, estos programas necesitan enormes cantidades de texto. Primero se comieron toda la información de internet: Wikipedia, blogs, foros. Después, los periódicos y hasta los subtítulos de los vídeos. Ahora les toca a los libros. Cuando se han leído todos los comerciales, buscan en las librerías de segunda mano los raros que nadie ha digitalizado.

El problema: cortar el libro para siempre

Hay dos formas de pasar un libro al ordenador. La primera usa escáneres que leen las páginas sin romperlo; es lenta y cara. La segunda es destructiva: se corta el lomo, las hojas quedan sueltas, pasan por una máquina a toda velocidad y el libro ya no se puede volver a montar. Sus restos van al reciclaje.

Las empresas eligen la segunda por el dinero: es más rápida, más barata y permite digitalizar millones de ejemplares. Y la ley les permite usar un libro comprado para entrenar a la inteligencia artificial.

¿Por qué te importa a ti?

Aquí está lo delicado. Cuando cortas un libro para escanearlo, pierdes cosas que el texto por sí solo no cuenta: la encuadernación, las anotaciones a mano, las ilustraciones, las dedicatorias, la historia de ese ejemplar concreto. No es lo mismo digitalizar que conservar.

Y hay algo más. Todo lo que se escribe al margen de las grandes editoriales, como los folletos de las luchas sociales o los libros autoeditados, muchas veces no tiene un número de identificación oficial, el llamado ISBN. Ese material peligra y puede perderse.

Además, los archivos digitales suelen quedar guardados en bases de datos privadas, fuera del alcance de bibliotecas, profesores e investigadores. El conocimiento pasa de un libro público a un archivo privado de una empresa.

No todo es malo

También hay quienes lo ven con buenos ojos. Marçal Font recuerda que en los siglos XV y XVI, con la imprenta, también se perdieron datos al cambiar los libros de formato, y se resolvió anotando lo que rodeaba al texto.

Su miedo no es romper un libro para digitalizarlo, sino que esa digitalización se quede en algo privado y que se olvide anotar de dónde viene cada ejemplar, quién lo firmó, qué características tiene. Un libro no es solo un montón de palabras; es un trozo de historia.

Qué puedes hacer tú

No necesitas ser experto en tecnología para entender esta noticia. Basta con preguntarte: ¿quién decide qué merece la pena guardar? ¿Una empresa privada o la sociedad?

Y una recomendación práctica: si amas los libros, apoya a las bibliotecas y a los libreros de viejo. Son los que guardan la memoria. Como dice Font, no hay nadie que destruya más libros que quien se dedica a salvarlos.

La inteligencia artificial está cambiando el mundo. Esta historia nos recuerda que, mientras avanza, hay que decidir con cuidado qué dejamos atrás. El saber de toda la humanidad no puede acabar encerrado en la caja fuerte de una empresa.