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Realidad virtual y aumentada: dos formas de mezclar el mundo digital con tu vista

Gafas de realidad virtual y aumentada

Hay dos formas de meterte dentro de una pantalla y dos formas de traer la pantalla al mundo real. La realidad virtual te envuelve por completo, con unas gafas que tapian tu campo de visión para sumergirte en un mundo digital. La realidad aumentada, en cambio, no te saca de tu entorno: lo que hace es añadir capas de información encima de lo que ya ves. Son primas hermanas, pero se usan para cosas muy distintas y ambas están viviendo un momento decisivo.

Vivir dentro de la pantalla

Cuando te pones unas gafas de realidad virtual, el mundo real desaparece. Unas lentes colocadas frente a tus ojos muestran dos imágenes ligeramente distintas, que tu cerebro interpreta como una escena en tres dimensiones. Mueves la cabeza y la imagen gira contigo; extiendes la mano y dos mandos convierten ese gesto en una acción dentro del juego o de la aplicación.

Durante años esta experiencia tuvo un problema: resultaba cara y voluminosa, y la acompañaba el famoso mareo. Las gafas modernas han repartido ese peso entre la cabeza y el resto del cuerpo, y los nuevos paneles a alta frecuencia refrescan la imagen tan rápido que el cerebro apenas nota el desfase entre lo que ves y lo que realmente sucede. El resultado: sesiones mucho más largas y agradables.

Uso mucho más allá del videojuego

Los juegos fueron el primer escaparate, pero son solo el principio. Los ingenieros llevan años probando un prototipo en realidad virtual antes de construirlo en metal, lo que ahorra materiales y dinero. Los formadores de pilotos, conductores y cirujanos entrenan con situaciones que serían imposibles o peligrosas de recrear en vivo. Y la industria del entretenimiento la usa para acercar la música, el cine y el deporte a públicos que no pueden permitirse viajar a un estadio.

La sanidad es otro de los grandes beneficiados: las personas que sufren dolor intenso a veces toleran mejor las curas si su mente está ocupada en un mundo virtual, una técnica que ya se aplica en algunos hospitales para reducir la incomodidad de enfermos.

Información pegada al mundo real

La realidad aumentada trabaja en dirección contraria. En lugar de aislarte, se apoya en lo que ya ves para darle contexto. Apuntas con la cámara de tu móvil a un mueble y la app te muestra cómo quedaría en tu salón. Las aplicaciones de reparación te señalan el tornillo exacto que tienes que girar. Y en un navegador, las flechas caminan por la propia calle en lugar de hacerte mirar un plano.

La promesa más espectacular es la del cristal inteligente: gafas de uso diario que, sin deslumbrarte, proyectan avisos, traducciones o direcciones delante de tus ojos. Fabricantes de gafas y tecnológicas llevan años peleando con la batería, el peso y el precio, pero los últimos pasos han sido de hormigón, y hay quien ve en este tipo de gafas el próximo gran dispositivo que usemos todos.

El mismo punto de partida

Aunque cada una tiene su razón de ser, ambas comparten varios avances. Ambas dependen de pantallas muy eficientes, de potentes chips de procesamiento de imagen y de la inteligencia artificial, que ayuda a reconocer el espacio y los objetos para acoplar lo digital de forma convincente. Y las dos hacen descollar un mismo reto: que la experiencia sea tan cómoda y barata que la gente la use a diario, no solo de vez en cuando.

Virtual y aumentada no compiten, se complementan. La primera te traslada a otro lugar; la segunda te muestra el tuyo de una manera nueva. Cuando las dos acaben desenvolviéndose, la línea entre lo que es real y lo que es digital será, para el usuario, más difusa de lo que imaginamos. Y eso no es ninguna desventaja: es una ventaja. Y las dos, juntas, están dibujando la pantalla del futuro, que ya no estará frente a ti, sino alrededor de ti y sobre el mundo en el que vives.