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Un cohete de SpaceX se ha estrellado contra la Luna: qué ha pasado y por qué importa

Un trozo de cohete acaba de chocar contra la Luna

En la madrugada del 5 de agosto de 2026, una pieza de un cohete se estrelló contra la Luna. No fue una escena de película ni un ataque: fue la caída de un objeto metálico de casi cuatro toneladas que llevaba más de un año y medio dando vueltas sin control. El impacto no ha causado ningún daño en la Tierra, pero ha abierto un debate importante: estamos dejando basura en la Luna y eso, tarde o temprano, va a ser un problema.

¿De qué cohete hablamos?

Los cohetes que viajan al espacio no son una sola pieza. Están formados por varias partes que se van soltando durante el viaje, como los vagones de un tren. La parte que nos ocupa se llama «etapa superior»: es el tramo final de un Falcon 9, un cohete de SpaceX, la empresa de Elon Musk.

Esa pieza hizo su trabajo en enero de 2025: impulsó hacia la Luna dos módulos de aterrizaje, unas naves pequeñas sin tripulación que llevaban experimentos científicos. Uno de ellos, el Blue Ghost, de la empresa estadounidense Firefly Aerospace, aterrizó bien y cumplió su misión. El otro, el Resilience, de la japonesa ispace, perdió la comunicación durante el descenso y acabó estrellándose.

Y el tramo del cohete que los transportó, una vez terminado su trabajo, se quedó sin combustible. Sin gasolina no podía volver a la Tierra ni colocarse en una órbita estable, así que quedó a la deriva. Es como un coche que se queda sin gasolina en mitad de la carretera: no hay forma de que arranque otra vez.

Una caída a toda velocidad

Durante 18 meses, esa pieza de metal estuvo dando vueltas, empujada por la gravedad de la Tierra, de la Luna y del Sol. El 5 de agosto, a las 6:35 de la mañana (hora de España), terminó su viaje contra la superficie lunar, cerca del cráter Einstein, en el borde occidental de la cara visible de la Luna.

Chocó a unos 8.700 kilómetros por hora. Para que te hagas una idea: es unas siete veces más rápido que un avión de pasajeros. Y como la Luna no tiene atmósfera, es decir, no hay aire que frene los objetos, llegó a la superficie sin perder velocidad.

El golpe liberó una energía equivalente a la explosión de unas tres toneladas de dinamita. Los científicos calculan que abrió un cráter de entre 20 y 30 metros de diámetro, más o menos como una piscina, y levantó una nube de polvo de hasta 15 kilómetros de altura. Para que te hagas otra idea: eso es más alto que el Monte Everest.

Un experimento que nadie planeó

Lo curioso de este accidente es que es la primera vez que sabemos con antelación la hora, la velocidad y el peso exactos de un impacto así. Normalmente, cuando un meteorito golpea la Luna, ocurre de repente y sin aviso. Esta vez, el astrónomo Bill Gray, que se dedica a rastrear objetos en el espacio, calculó la trayectoria meses antes y avisó del choque.

Por eso, los científicos lo ven como un experimento gratis: podrán comparar las fotografías de la zona antes y después del impacto y estudiar cómo se forman los cráteres. Los satélites que orbitan la Luna, como el LRO de la NASA, buscarán el nuevo agujero y medirán su tamaño real.

El problema de fondo: la basura espacial

Este no es el primer trozo de cohete que se estrella contra la Luna. En marzo de 2022 ya ocurrió con una etapa de un cohete chino. Y esto es solo el principio: en los próximos años, varios países y empresas planean enviar más misiones a la Luna, incluida la construcción de bases para astronautas.

Cuanto más tráfico haya, más probable es que queden piezas abandonadas dando vueltas y que acaben chocando contra instalaciones o personas. Es como tirar basura por la ventanilla del coche: da igual que hoy no lo vea nadie, el problema aparece mañana.

Además, la huella que ha dejado este impacto durará muchísimo tiempo. En la Luna no hay viento ni lluvia que borre las marcas, así que el cráter del Falcon 9 podría seguir ahí dentro de millones de años.

Conclusión: un recordatorio con forma de agujero

El impacto no supone ningún peligro para la Tierra ni para nadie. Pero es un recordatorio de que el espacio, y también la Luna, no son un vertedero. Los expertos llevan años pidiendo reglas claras para retirar o apartar las piezas de cohetes de forma segura cuando terminan su trabajo. Mientras esas reglas no existan, cada misión lunar dejará su firma en la superficie… para siempre.