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Google reorganiza su inteligencia artificial: su científico estrella se marcha tras 27 años

Google ha movido las piezas de su equipo de inteligencia artificial (IA). El cambio más llamativo es la salida de Jeff Dean, uno de los científicos más importantes de la empresa, después de 27 años trabajando allí. Se va para fundar su propia compañía, y Google va a invertir en ella. Los cambios se anunciaron el miércoles 5 de agosto.

¿Quién es Jeff Dean y por qué importa tanto?

Jeff Dean no es un empleado más. Es una de las personas que ayudó a construir Google desde dentro: cuando la empresa era pequeña, participó en la creación de los sistemas que hacían funcionar el buscador, esa herramienta que usamos cada día para encontrar cosas en internet.

Pero su papel más famoso llegó después, cuando ayudó a impulsar las llamadas «redes neuronales». Suena complicado, pero la idea es sencilla: son programas que aprenden de ejemplos, igual que un niño aprende a distinguir un gato de un perro después de ver muchos. Esa forma de enseñar a los ordenadores es la base de la inteligencia artificial moderna, la que hoy usamos para que un móvil entienda lo que le dictamos o para que un programa escriba textos. Pichai, el director general de Google, dijo que Dean ayudó a crear «algunas de las transiciones tecnológicas más importantes» de la empresa.

¿Qué hará ahora Jeff Dean?

Dean no se jubila. Se marcha para montar una empresa nueva llamada Discovery Loop. Le acompañan otros investigadores de peso, como su socio histórico Sanjay Ghemawat y los veteranos Oriol Vinyals y Quoc Le.

La nueva compañía tendrá una forma jurídica especial: se llama «empresa de beneficio público». Es como un restaurante que, además de buscar ganar dinero, se compromete por escrito a no servir comida mala para la salud. En su caso, el compromiso es poner la ciencia por delante de los intereses económicos. El propio Dean lo dijo: «Podríamos tomar decisiones que no sean las mejores para los intereses puros de la empresa».

Su objetivo es usar la inteligencia artificial para acelerar descubrimientos en ciencia e ingeniería: buscar nuevos medicamentos, nuevos materiales o formas más eficientes de producir energía. Google, lejos de enfadarse, va a invertir en la nueva aventura e incluso le alquilará la potencia de cálculo que necesite.

¿Quién toma el relevo?

El puesto de máximo responsable científico de Alphabet, la empresa que es dueña de Google, pasa a Demis Hassabis. Hassabis no es un recién llegado: fundó DeepMind, el laboratorio de inteligencia artificial más famoso del mundo, que Google compró en 2014. En 2024 recibió el Premio Nobel de Química por su trabajo con una IA capaz de predecir la forma de las proteínas, algo que ayuda a investigar enfermedades.

Hassabis deja la dirección del día a día de DeepMind para centrarse en la estrategia a largo plazo, incluida la llamada «inteligencia artificial general». No te asustes con el nombre: es una IA capaz de hacer casi cualquier tarea intelectual que haga una persona, como un ayudante todoterreno. También seguirá al frente de Isomorphic Labs, una empresa que usa IA para descubrir medicinas.

Quien se pone al mando de DeepMind es Koray Kavukcuoglu, hasta ahora director tecnológico del laboratorio. Supervisará Gemini, la familia de asistentes de IA de Google que ya usan millones de personas en el buscador y en los teléfonos Android. Según Google, la aplicación Gemini supera los 950 millones de usuarios al mes.

¿Por qué hacen esto ahora?

Google está en plena carrera por la inteligencia artificial contra rivales como OpenAI, los creadores de ChatGPT, o la empresa Anthropic. Es una carrera carísima: Google prevé gastar este año entre 175.000 y 205.000 millones de dólares en ordenadores gigantes, centros de datos y demás infraestructura para la IA. Es tanto dinero que, por primera vez en su historia, la empresa gastó en un trimestre más de lo que ingresó. Tras el anuncio, sus acciones cayeron alrededor de un 4%.

Este movimiento busca ir más rápido. Pichai lo resumió así: quiere «acelerar» el trabajo en IA y mantener a Google «en la frontera» del sector.

¿Y a mí qué más me da?

Más de lo que parece. La IA que usas a diario, aunque no lo sepas, está dirigida por las personas que acaban de cambiar de puesto. Los asistentes del móvil, los traductores automáticos o el correo que se autocompleta dependen de estas decisiones. Cuando el científico jefe de la empresa más grande del mundo en este campo se marcha para montar la suya, es señal de que la tecnología que usamos está cambiando de manos y de que la competencia es feroz.

En el fondo, es una buena noticia: más mentes brillantes trabajando en lo mismo suele significar mejores productos y más baratos. Como cuando un gran chef deja un restaurante famoso para abrir el suyo: los clientes ganan variedad.