China ha vuelto a la cima de la supercomputación mundial. El nuevo superordenador LineShine, construido en Shenzhen, se ha convertido en el número 1 de la lista TOP500, la clasificación de referencia de los ordenadores más potentes del planeta. Es la primera vez en nueve años que China presenta un sistema en esta lista, y lo ha hecho por todo lo alto: con un ordenador que funciona exclusivamente con procesadores de diseño propio, sin necesidad de aceleradores gráficos.
¿Qué tiene de especial el LineShine? Para que te hagas una idea de su potencia, este superordenador es capaz de realizar 2,2 trillones de operaciones por segundo. Tiene más de 13 millones de núcleos de procesamiento (sí, has leído bien: 13 millones) y consume 42 megavatios de electricidad, suficiente para alimentar una pequeña ciudad. Pero lo más llamativo no es solo su potencia bruta, sino que sus procesadores —llamados LX2— han sido diseñados y fabricados íntegramente en China, usando la arquitectura ARM (la misma que llevan los procesadores de muchos móviles y tablets). Cada chip tiene 304 núcleos funcionando a la vez, una cifra que pone los pelos de punta comparada con los 8 o 16 núcleos de un procesador de ordenador normal.
¿Y esto por qué nos importa? Porque los superordenadores no son solo una cuestión de orgullo nacional o de récords. Se usan para cosas que afectan a nuestra vida cotidiana: predecir el tiempo con más precisión, diseñar nuevos materiales y medicamentos, simular el cambio climático o desarrollar inteligencia artificial. Que China vuelva a la carrera de la supercomputación significa que la competencia tecnológica entre países se intensifica, y eso suele traducirse en avances más rápidos que acaban llegando también a los ordenadores y dispositivos que usamos a diario. Además, el hecho de que el LineShine sea el primero también en el benchmark HPCG (una prueba que mide el rendimiento en problemas reales, no solo teóricos) demuestra que no es un «golpe de efecto», sino un sistema verdaderamente útil para la ciencia.
— Marta, para inteligencia intermitente.





