La inteligencia artificial se está bebiendo el agua de los pueblos: por qué te afecta aunque ni te suene
¿Te has preguntado alguna vez dónde está el «cerebro» que responde cuando le preguntas algo a un programa de inteligencia artificial? No está flotando en el aire. Vive en unos edificios enormes y llenos de ordenadores llamados centros de datos. Y esos edificios tienen una sed enorme de agua.
Esta semana, en Estados Unidos, ha habido un revuelo ciudadano que pocos conocen fuera de allí: miles de personas han salido a la calle para protestar porque estos centros de datos están usando demasiada agua de sus pueblos y ciudades. Te lo contamos con palabras sencillas.
Qué es un centro de datos (explicado fácil)
Piensa en un centro de datos como en una gigantesca biblioteca llena de ordenadores en vez de libros. Todo lo que haces en internet —ver un vídeo, mandar un mensaje, pedir algo a la inteligencia artificial— se procesa y se guarda en uno de estos edificios.
El problema es que estos ordenadores se calientan muchísimo al trabajar. Es como cuando corres: tu cuerpo sube de temperatura y necesitas sudar para no quemarte. Pues los ordenadores no pueden sudar. Necesitan que el edificio se refresque por fuera.
¿Y con qué se refrescan? Con agua. Mucha agua.
La cifra que lo dice todo
Un centro de datos grande puede gastar hasta 5 millones de galones de agua al día (unos 19 millones de litros). Para que te hagas una idea: eso es lo que gasta en un día una ciudad de entre 10.000 y 50.000 habitantes. Y una parte muy grande de esa agua, alrededor del 80%, se evapora al usarla, o sea que no se recupera.
Hay casos que llaman la atención. En un condado de California, un centro de datos nuevo podría usar 260 millones de galones al año (casi mil millones de litros) del río Colorado. En otra ciudad de Oregón, los centros de datos de Google son responsables de casi el 40% de todo el agua que consume la ciudad entera.
Por qué la inteligencia artificial tiene más culpa que los demás
Vale, cuidado: este problema no es nuevo del todo, pero la inteligencia artificial lo ha disparado. Los programas de inteligencia artificial modernos necesitan trabajar con montones de ordenadores a la vez, todos al mismo tiempo. Cuantos más ordenadores trabajan juntos, más calor hacen y más agua necesitan para refrescarse.
Por eso el consumo de agua y de electricidad de estos edificios está creciendo tan rápido. Las empresas están construyendo centros de datos nuevos a toda velocidad, casi siempre donde el terreno es barato, aunque allí el agua justo escasee.
La gente se cansa: protestas en 42 estados
En julio hubo el primer día de protestas coordinadas de todo el país: unas 142 manifestaciones en 42 estados a la vez. Había carteles contra grandes empresas como Google, Amazon o Microsoft. Los vecinos no piden que la inteligencia artificial desaparezca. Lo que piden es que se les pregunte antes de gastarse el agua de su comunidad, y que las empresas rindan cuentas.
En algunos sitios ya hay detenidos por las protestas, al menos 37 en todo el año. Y algunos ayuntamientos, como el de Seattle, han empezado a frenar la construcción de estos edificios hasta que se aclare el tema del agua.
El ejemplo que más se repite: una empresa se gastó en una zona de Georgia 30 millones de galones de agua (unos 113 millones de litros) antes de que le llegara la primera factura. O sea, usaron el agua primero, y preguntaron después.
¿Y qué pasa en España?
Este debate va a acabar llegando a Europa y a España. La inteligencia artificial se usa igual aquí, y los centros que la sostienen necesitan la misma agua. España tiene zonas con poca agua y mucho calor, justo donde las empresas quieren construir estos edificios. Los expertos ya avisan de que el mismo conflicto se está gestando en varios países europeos.
No hace falta que sepas nada de informática para entender la idea: cada vez que usamos una herramienta con inteligencia artificial, detrás hay unos ordenadores que necesitan agua. Y esa agua sale del grifo de alguien.
La pregunta de fondo
El problema no es solo cuánto gasta cada empresa. Es que el agua no se puede prestar de un sitio a otro. El carbono que contamina un centro de datos en un país da igual a dónde sople el viento. Pero el agua que se gasta un centro de datos en tu pueblo es agua que ya no beben tus vecinos. No se puede traer de otro lado.
La tecnología de enfriamiento mejora y gasta menos agua con el tiempo, pero cuesta dinero y muchas empresas retrasan el cambio. Mientras tanto, la construcción sigue avanzando más rápido que las reglas. La gran pregunta de los próximos meses es si los gobiernos pondrán límites claros al agua que pueden gastarse estos edificios, o si cada pueblo tendrá que pelear solo.
Mientras tanto, ahora ya sabes: cuando preguntes algo a un programa de inteligencia artificial, por detrás hay agua. Bastante agua.






