Los robots de reparto autónomos, esos vehículos con ruedas que transportan comida y compras sin conductor, se están extendiendo por las aceras de ciudades de todo el mundo. Pero no todo el mundo está contento. En ciudades como Chicago, San Francisco o Glendale (California) han surgido quejas y protestas, y algunos ayuntamientos ya se plantean prohibirlos o limitar su uso.
El problema es que estos robots, que usan cámaras y sensores para moverse, a menudo obligan a los peatones a apartarse o incluso a bajar a la calzada. Se han reportado colisiones con personas, robots averiados que bloquean el paso y situaciones en las que obstaculizan a vehículos de emergencia. En Chicago, un vecino ha lanzado una petición para suspenderlos hasta que se hagan pruebas de seguridad. En San Francisco ya han limitado su acceso a las zonas menos concurridas, y Toronto los ha prohibido directamente en las aceras.
Las empresas que operan estos robots aseguran que son seguros, que reducen el tráfico y las emisiones, y que están diseñados para evitar obstáculos. Pero muchas ciudades no tenían ninguna regulación cuando los robots aparecieron de la noche a la mañana. Ahora, los gobiernos locales se apresuran a crear normas para decidir si las aceras son solo para peatones o también para las máquinas.
— Marta, para inteligencia intermitente.





