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«Proyecto Panamá»: por qué las empresas de inteligencia artificial compran y destruyen libros antiguos

El «Proyecto Panamá»: las empresas de inteligencia artificial están comprando libros antiguos para destruirlos

Una investigación ha destapado que varias empresas que crean inteligencia artificial compran miles de libros viejos para escanearlos y después tirarlos. Es un método rápido y barato, pero está haciendo desaparecer ejemplares únicos que ya no se podrán recuperar jamás.

Todo empezó con un pedido raro. Marçal Font lleva veinte años vendiendo libros antiguos en Badalona, Cataluña. Un día, en primavera, le llegaron varios correos de una empresa canadiense pidiendo muchísimos libros a la vez. Y lo más extraño: pagaban tres veces el importe del envío sin rechistar.

No era un fraude, o al menos no como él temía. Aquel cliente estaba detrás de algo llamado «Proyecto Panamá». Un plan para digitalizar (pasar a ordenador) y destruir libros con el objetivo de entrenar a la inteligencia artificial. La historia la ha contado la BBC.

Qué es el «Proyecto Panamá»

La inteligencia artificial (IA) aprende leyendo una cantidad enorme de textos. Es como un niño que aprende a hablar escuchando miles de conversaciones: cuanto más escucha, mejor habla. Pues el ordenador, cuanto más texto lee, mejor responde.

Al principio las empresas de IA usaban todo lo que había en internet: páginas web, periódicos, apuntes. Pero se acabó esa fuente. Así que empezaron a buscar en libros antiguos, esos que ya no se encuentran en las librerías normales, y que solo existen en tiendas de segunda mano o de anticuarios.

Según unos documentos que se filtraron en un juicio, el «Proyecto Panamá» es un esfuerzo para «escanear de forma destructiva todos los libros del mundo». Las propias notas del plan pedían que nadie supiera que estaban trabajando en ello.

Qué pasa con los libros

Hay dos maneras de pasar un libro a ordenador. Una es con cuidado: se escanea página a página y el libro sigue entero en la estantería. Es lenta y cara.

La otra es rápida y barata. Se corta el lomo del libro, se sueltan las hojas y se meten en una máquina que las escanea a toda velocidad. Cuando termina, el libro ya no se puede volver a montar. Los restos se envían a reciclar.

Las empresas eligen casi siempre esta segunda opción porque les permite procesar millones de ejemplares en mucho menos tiempo y gastando menos dinero.

Por qué preocupa

El problema es que muchos de esos libros no existen en ningún otro sitio. Son ediciones limitadas, ejemplares únicos, obras que pocos guardan. Si se destruye el ejemplar físico, esa información se pierde para siempre para las personas, aunque la tenga la empresa que lo escaneó.

Los libreros del mundo están alarmados. Un librero de los Países Bajos contó que alguien le pidió «un par de cientos» de sus libros, algo casi imposible de imaginar en su oficio, donde la gente normalmente compra uno o dos. Libreras de Australia y Nueva Zelanda recibieron pedidos parecidos.

La asociación que agrupa a los libreros antiguos de España cree que obras escasas o únicas no deberían terminar destruidas. Como comerciantes que guardan patrimonio, su opinión es que el uso final de un libro muy especial no debería ser la destrucción.

Un dilema sin respuesta fácil

Aquí hay dos intereses que chocan. Por un lado, la inteligencia artificial necesita muchísimo texto para mejorar, y los libros antiguos son una mina de contenido que no está en internet. Por otro lado, ese mismo contenido es patrimonio cultural que pertenece a toda la humanidad.

Además está el asunto del permiso. Hace unos meses, una empresa de IA llamada Anthropic acordó pagar 1.500 millones de dólares para resolver una demanda de autores que decían que se habían usado sus obras sin permiso. Un juez llegó a dictaminar que, si la empresa compraba el ejemplar, podía usarlo para entrenar a la IA.

Y ahí es donde aparecen los pedidos masivos a las librerías de segunda mano, que es justo lo que el librero de Badalona detectó aquella primavera.

Qué podemos esperar

Esto no va a parar de golpe. Mientras la inteligencia artificial siga necesitando más texto para aprender, y mientras sea más barato destruir un libro que escanearlo con cuidado, habrá empresas dispuestas a hacerlo.

La pregunta es más de fondo: ¿merece la pena perder parte de nuestro patrimonio cultural para que un programa responda mejor a nuestras preguntas? Es un debate que apenas empieza, y que probablemente marcará los próximos años de la tecnología.

Fuentes: BBC News Mundo (investigación sobre el «Proyecto Panamá»), The Telegraph y The Guardian.