Imagina que una mañana cualquiera intentas pagar el café con el móvil y la aplicación no responde. Intentas mandar un WhatsApp y no sale. Abres el banco y está caído. No es un problema de tu teléfono ni de tu conexión: es que la nube de Amazon se ha caído y se ha llevado por delante medio internet.
Esto es exactamente lo que pasó está semana cuando Amazon Web Services (AWS), el servicio que alquila servidores a miles de empresas en todo el mundo, sufrió una caída global. Se vieron afectadas aplicaciones tan populares como Snapchat, Zoom, Fortnite y Rocket League. También fallaron bancos como Bancolombia, Nequi y Daviplata, servicios de pago como Mercado Pago, e incluso Alexa dejó de responder. En España, la venta de entradas para los conciertos de Aitana y La Oreja de Van Gogh se quedó paralizada durante horas.
La gente no se para a pensar en «la nube» hasta que falla. Pero lo cierto es que casi todo lo que hacemos por internet — desde ver una serie hasta pedir cita en el médico — depende de estos centros de datos. Cuando uno de los más grandes del mundo se tropieza, el recordatorio es claro: internet no es magia, son cables, servidores y mucho aire acondicionado. Y de vez en cuando, algo se rompe.
— Marta, para inteligencia intermitente.






