Apple ha presentado una demanda contra OpenAI y dos de sus antiguos ingenieros a los que acusa de haberse llevado secretos comerciales cuando dejaron la compañía para trabajar en la startup de inteligencia artificial. La denuncia, presentada ante un tribunal federal de California, alega que los empleados se llevaron documentos técnicos sobre arquitecturas de redes neuronales y sistemas de optimización que ahora estarían utilizando para desarrollar los modelos de OpenAI. Según Apple, el plan estaba coordinado «desde todos los niveles» de la organización.
¿Y por qué esto nos importa a quienes no trabajamos en tecnología? Porque Apple y OpenAI son dos de las empresas más influyentes en el mundo de la inteligencia artificial. De un lado, Apple lleva años integrando IA en sus dispositivos —Siri, las funciones de fotografía computacional o el nuevo Apple Intelligence—. Del otro, OpenAI es la creadora de ChatGPT y de GPT-5.6, el modelo de lenguaje más avanzado del momento. Que dos gigantes así se enfrenten en los tribunales no solo afecta a sus acciones en bolsa: puede cambiar cómo se desarrolla la inteligencia artificial en los próximos años, sobre todo si el caso sienta precedentes sobre quién es dueño de qué cuando un empleado cambia de empresa.
La demanda llega en un momento especialmente delicado para OpenAI, que acaba de lanzar GPT-5.6 Sol, su modelo más potente hasta la fecha, y que ya está bajo el escrutinio de reguladores en Estados Unidos y Europa. Si Apple consigue demostrar que OpenAI usó sus secretos comerciales, podría obtener una orden judicial que paralice el uso de esas tecnologías, lo que supondría un terremoto en el sector. Para el resto de nosotros, está batalla legal es un recordatorio de que, en la guerra por dominar la inteligencia artificial, no solo se compite con algoritmos mejores: también con abogados.
— Marta, para inteligencia intermitente.






