La Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos (FTC) ha conseguido un acuerdo histórico con John Deere, el gigante de la maquinaria agrícola, que obliga a la compañía a permitir que los agricultores y talleres independientes reparen sus propios tractores y cosechadoras. Hasta ahora, los propietarios tenían que pasar sí o sí por los concesionarios oficiales para cualquier reparación, ya que John Deere se negaba a compartir el software de diagnóstico necesario para arreglar las máquinas. Este acuerdo pone fin a años de quejas y demandas por parte del sector agrícola.
¿Y esto por qué nos importa a quienes no somos agricultores? Porque el «derecho a reparar» (o right to repair) es un movimiento que afecta a muchísimos productos tecnológicos que usamos a diario: móviles, portátiles, electrodomésticos inteligentes… La idea es sencilla: cuando compras un aparato, deberías poder repararlo tú mismo o llevarlo a cualquier taller, sin que el fabricante te obligue a ir a sus servicios oficiales ni ponga trabas con software cerrado. Lo que ha conseguido la FTC con John Deere sienta un precedente importante que podría extenderse a otros sectores, como la electrónica de consumo.
En la práctica, John Deere tendrá que poner a disposición de agricultores y talleres independientes las mismas herramientas de diagnóstico y reparación que hasta ahora solo usaban sus concesionarios. Además, no podrá tomar represalias contra quienes elijan reparar por su cuenta. La empresa pagará un millón de dólares a los cinco estados implicados en la demanda y estará bajo supervisión durante los próximos diez años. No es la primera victoria del derecho a reparar este año: ya en abril, John Deere llegó a un acuerdo extrajudicial de 99 millones de dólares con los agricultores. La pregunta ahora es: ¿será este el empujón que necesita el derecho a reparar para llegar también a nuestros smartphones y portátiles?
— Marta, para inteligencia intermitente.






