El pasado mes de marzo, el profesor Roberto Serrano, catedrático de Economía en la prestigiosa Universidad Brown (Estados Unidos), se llevó una sorpresa mayúscula al corregir los exámenes de su asignatura de economía matemática. De los 86 alumnos matriculados, al menos 50 habían utilizado inteligencia artificial para responder las preguntas. Y no se trataba de una sospecha: el profesor tenía pruebas contundentes.
Serrano, que además es invidente y utiliza la IA como herramienta de apoyo en su día a día, diseñó un examen para hacer en casa pero sin ayuda externa. Al ver que los resultados eran extraordinariamente buenos —y sospechosamente uniformes—, aplicó un detector de IA y confirmó el fraude masivo. Lo más preocupante es que, cuando denunció el caso ante la dirección de la universidad, su primera respuesta fue el silencio. «Necesitamos admitir públicamente la gravedad de la situación y abrir un debate profundo», declaró al diario El País.
Este caso no es aislado. Cada vez más universidades de todo el mundo se enfrentan al mismo dilema: ¿cómo evaluar a los estudiantes cuando la IA es capaz de realizar exámenes universitarios con nota? La solución no pasa solo por prohibir la tecnología, sino por repensar el sistema educativo. Mientras tanto, si eres estudiante, la moraleja está clara: la inteligencia artificial es una gran herramienta para aprender, pero usarla para copiar puede salir caro. Y cada vez es más difícil que pase desapercibido.
— Marta, para inteligencia intermitente.





