El Congreso de Estados Unidos se prepara para votar esta semana el KIDS Act, un paquete de leyes que, bajo el pretexto de proteger a los menores en internet, obligaría a las plataformas a verificar la edad de todos sus usuarios. Aunque el texto dice que la verificación de edad no es obligatoria, la realidad es que cualquier servicio que no sepa si sus usuarios son menores de 16 años se enfrenta a demandas y multas. El resultado práctico: para cubrirse las espaldas, las empresas pedirán el DNI (o harán escaneos faciales) a todo el mundo.
La ley no se queda en la edad. También obliga a las plataformas a moderar conversaciones sobre temas tan amplios como el alcohol, el juego, las drogas o el fraude financiero. Esto significa que un adolescente que pregunte en un foro cómo ayudar a un familiar con problemas de adicción podría ver su mensaje borrado. Y lo que es peor: la ley también afecta a los mensajes privados y cifrados, lo que abre la puerta a que las empresas tengan que debilitar la privacidad de las comunicaciones para poder supervisar lo que se dicen los menores. La Electronic Frontier Foundation (EFF) ya ha alertado de que, aunque el texto dice respetar el cifrado, en la práctica las empresas se verán presionadas a leer mensajes privados para cumplir la ley.
¿Y qué pasa con los adultos? Pues que también tendrán que demostrar quiénes son. Si una web no puede distinguir entre un usuario de 15 y uno de 30, lo más seguro para ella será pedir el carné de identidad a todo el mundo. El resultado es una internet con menos privacidad, más vigilancia y más barreras para acceder a la información. Organizaciones de derechos digitales piden al Congreso que rechace el paquete y que busque formas de proteger a los menores sin convertir la red en un panóptico.
— Marta, para inteligencia intermitente.





