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Una nave de rescate espacial se quedó girando: la misión para salvar un telescopio de la NASA

Una nave de rescate espacial se quedó girando sobre sí misma: la misión para salvar un telescopio de la NASA

Imagina que tienes un barco en alta mar y de repente pierde el control del timón. No puede cambiar de rumbo y empieza a dar vueltas sobre sí mismo. Pues algo parecido le ha pasado en el espacio a una nave de rescate llamada LINK. La buena noticia es que sus dueños, la empresa Katalyst Space, han conseguido frenarla a tiempo, aunque con más de un susto de por medio.

Para entenderlo, primero hay que hablar de por qué existe esta nave. En el espacio hay telescopios que flotan alrededor de la Tierra. Uno de ellos, el Swift de la NASA, lleva trabajando desde 2004. Sirve para estudiar unas explosiones muy potentes que ocurren en el universo, las más fuertes que existen hoy en día. Podríamos decir que es como un gran ojo que observa el cielo constantemente.

El problema: el telescopio se está cayendo

El Swift no puede quedarse flotando para siempre. Aunque parezca raro, arriba en el espacio también hay un poco de aire, muy poquito, pero suficiente para frenar poco a poco a la nave. Ese frenado le quita altura. Es como cuando lanzas una pelota al aire: al final siempre vuelve a caer.

Normalmente, una nave puede encender sus motores para volver a subir. Pero el Swift ya usa el suyo y no puede compensar la caída. Además, hace poco el Sol ha estado más activo de lo normal, y eso ha hecho que el telescopio baje todavía más rápido. Si nadie hace nada, dentro de unos meses se precipitaría a la Tierra y se quemaría al entrar en la atmósfera.

Para evitar eso, la NASA contrató en septiembre de 2025 a Katalyst Space. La misión era complicadísima: diseñar, construir y lanzar una nave de rescate en menos de un año. Todo un récord. Y aunque parezca increíble, lo consiguieron. La nave LINK salió al espacio el 3 de julio de 2026.

El susto: la nave perdió el control y empezó a girar

La misión de LINK era viajar hasta el Swift, inspeccionarlo, agarrarse a él y elevarlo hasta una altura estable. Pero a finales de julio ocurrió el imprevisto. La nave tiene tres pequeñas ruedas dentro que sirven para orientarse, un poco como si fueran sus manos para girar. Pues dos de esas tres ruedas fallaron. El resultado fue que la LINK empezó a girar sobre sí misma sin control, como una peonza.

Dar vueltas sin control es un problema serio en el espacio. No puedes dirigir la nave, ni encender los motores en la dirección correcta, ni comunicarte bien. Había que frenarla sí o sí.

El remedio: usar un motor diminuto para frenar el giro

Los ingenieros no se rindieron. Enviaron órdenes a la nave para usar uno de sus propulsores, pero de una forma muy suave y poco a poco, día tras día. Es lo que se llama un propulsor iónico: un motor muy pequeño y eficiente que empuja poquito a poquito, en lugar de dar un gran empujón de golpe. Imagina soplar suavecito para frenar una peonza que gira en vez de darle una palmada.

La cosa funcionó. La nave giraba a unos 9 grados por segundo cuando empezó a frenarse. Ahora gira mucho más despacio, a 1,47 grados por segundo. No está totalmente parada, pero es un giro tranquilo con el que se puede trabajar. Y lo mejor: para lograrlo apenas gastó combustible, menos de 100 gramos. Así conserva lo justo para el viaje que le queda.

Qué viene ahora

En los próximos días, los ingenieros van a enviar a la nave una actualización de su programa interno (el software, como diríamos en lenguaje de móviles). Esa actualización incluye un nuevo sistema para controlar la posición, hecho a medida del estado actual de la nave. Con eso, esperan poder dirigirla otra vez con normalidad y alinear su rumbo con el del Swift.

La nave podría alcanzar a su objetivo hacia finales de agosto, siempre que no surjan más contratiempos. El tiempo justo, porque la caída del telescopio no espera.

¿Por qué te importa esta historia?

Esta noticia no es solo para los amantes del espacio. Detrás hay una idea importante: cada vez somos más capaces de reparar o salvar objetos que ya están arriba, en lugar de dejarlos caer y construir otros nuevos. Es como arreglar un electrodoméstico en vez de tirarlo a la basura. Eso ahorra dinero, tiempo y recursos, y abre la puerta a mantener el espacio más limpio y aprovechado.

Y también nos recuerda que, incluso en las misiones mejor preparadas, las cosas pueden torcerse. Lo bonito de la historia es que los equipos humanos, con paciencia y con ingenio, encuentran la manera de dar la vuelta a los problemas. A veces, hasta en el vacío del espacio.